¿Tu hijo o hija adolescente está bien?
- Red Salud Integral

- 22 may
- 8 min de lectura
Lo que los datos de salud en México nos dicen (y cómo podemos ayudar)
Si últimamente sientes que algo no está del todo bien con tu adolescente, pero no sabes cómo preguntarle, este artículo es para ti.

Esa pregunta que muchos papás se hacen en silencio
Hay una pregunta que muchas mamás y papás se hacen casi con miedo de pronunciarla en voz alta: "¿Mi hijo o hija realmente está bien?"
No el "bien" de la respuesta automática que dan al llegar a casa. El bien de verdad: el que se nota en sus ojos, en su energía, en sus ganas de hablar contigo.
La adolescencia siempre ha sido una etapa difícil. El cuerpo cambia, las amistades cobran un peso enorme, la identidad se construye a tropiezos. Pero lo que los datos más recientes de salud en México revelan ya no es solo la turbulencia normal del crecimiento: es una crisis silenciosa que está afectando a millones de jóvenes en todo el país, y que muchas familias aún no han visto llegar.
Hablar de esto no es alarmista. Es necesario. Entender lo que está pasando es el primer paso para acompañar mejor a nuestros hijos e hijas.
Lo que está pasando en el mundo con los adolescentes
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2024), uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años —es decir, el 14.3% de esa población— padece algún trastorno mental en el mundo. Estamos hablando de más de 166 millones de jóvenes.
La depresión y la ansiedad son las principales causas de enfermedad y discapacidad en adolescentes. El suicidio es la tercera causa de muerte en personas de 15 a 29 años. Y el dato que más debería hacernos pensar: la mitad de los trastornos mentales en la edad adulta ya habían comenzado antes de los 18 años. Lo que no se atiende a tiempo en la adolescencia tiene consecuencias que se extienden décadas.
En América Latina y el Caribe, la situación es especialmente grave. Según la Organización Panamericana de la Salud (2024), más de tres de cada cuatro personas que necesitan atención para su salud mental no la reciben en la región. Esa brecha supera el 77.9%. Solo el 2.1% del presupuesto de salud se destina a salud mental. Cuando los recursos escasean, los adolescentes suelen ser los últimos en la fila.
La realidad en México: los números que nos tocan de cerca
Los datos globales son importantes, pero para quienes vivimos en México hay cifras más cercanas y más difíciles de ignorar.
Casi la mitad de los adolescentes mexicanos tiene síntomas de depresión
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2022) aplicó a jóvenes mexicanos una herramienta validada para detectar síntomas depresivos. Los resultados son serios: el 45.8% de los adolescentes reportó uno o más síntomas de este tipo.

El síntoma más frecuente fue "no dormir bien". Esa queja que muchos papás oímos y pensamos que es culpa del teléfono o de los desvelos con amigos. A veces lo es. Pero a veces no.
Que casi la mitad de los adolescentes mexicanos reporte al menos un síntoma depresivo es una señal que vale la pena tomarse en serio. El insomnio constante, especialmente cuando viene acompañado de otros cambios, puede ser la puerta de entrada a una conversación importante con un profesional de salud.
El tema del que más nos cuesta hablar: el suicidio
Este es el apartado más difícil, y también el más urgente.
La ENSANUT 2022 reportó que el 7.6% de los adolescentes de 10 a 19 años ha pensado en quitarse la vida alguna vez. El 6.5% ha intentado suicidarse. En mujeres adolescentes, esa cifra sube al 10.1%.
Para entender qué tan grande es ese cambio: en la ENSANUT 2006, la cifra de intentos de suicidio en adolescentes era del 1.1%. En 2022 es del 6.5%. Eso representa un incremento de más del 600% en menos de dos décadas.
Un estudio de Valdez-Santiago y colaboradores (2023), publicado en la revista Salud Pública de México, encontró que el 3.1% de los adolescentes intentó suicidarse en los últimos 12 meses. En mujeres adolescentes, esa cifra sube al 4.8%.
Estos no son números abstractos. Son hijos e hijas de familias mexicanas.
Cuando el problema se nota en el día a día
La ENSANUT 2021-2023 amplió la mirada hacia niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años, evaluando su capacidad para aprender, relacionarse y sentirse bien.
Según los datos de Vázquez-Salas y colaboradores (2024), el 18.1% de esa población tiene dificultades en al menos una de esas áreas. Las niñas tienen una afectación mayor (19.4%) que los niños (16.8%).
Las áreas más afectadas son la ansiedad (9.4% en niñas frente a 8.8% en niños), la depresión (4.8% frente a 3.8%) y la dificultad para hacer amigos (4.1% en niñas frente a 2.2% en niños).
Un hallazgo importante: el castigo físico se asocia directamente con más dificultades en el bienestar de los niños y adolescentes. La disciplina basada en el miedo no protege la salud mental; la daña.
Señales de alerta que todo papá y mamá debe conocer
Reconocer una señal de alerta no significa diagnosticar. Significa abrir una conversación, preguntar, acercarse. Estos son los cambios que los expertos en salud mental recomiendan observar:

Señales de alerta • Cambios bruscos en el estado de ánimo que duran más de dos semanas. • Aislarse de amigos, familia o actividades que antes le gustaban. • Problemas persistentes para dormir, o dormir demasiado. • Caída notable en el rendimiento escolar sin causa aparente. • Pérdida de apetito o cambios significativos en el peso. • Irritabilidad extrema, llanto frecuente o sensación de vacío expresada con palabras. • Frases como "nada tiene sentido", "sería mejor que no estuviera aquí" o cualquier referencia al suicidio. • Conductas de riesgo: consumo de alcohol, autolesiones, escaparse de casa. |
Si identificas tres o más de estas señales de forma persistente, busca orientación con un profesional de salud.
Lo importante es no interpretar estas señales como "rebeldía" o pensar que el adolescente "ya se le pasará solo". La adolescencia es difícil, sí, pero el sufrimiento intenso y prolongado no es una etapa: es una señal que merece atención.
Qué hace más vulnerable a un adolescente
La salud mental no ocurre en el vacío. Hay condiciones del entorno familiar, escolar y social que aumentan el riesgo.
En el hogar: conflictos frecuentes, violencia o castigo físico, escasa comunicación afectiva, presión académica excesiva y el estrés crónico de los papás que no tienen espacio para procesar sus propias emociones.
En la escuela: acoso escolar presencial o digital, exigencias académicas sin apoyo socioemocional y maestros que no tienen herramientas para detectar señales de alerta.
En el entorno digital: exposición prolongada a contenidos negativos en redes sociales, comparación constante con estándares inalcanzables y ciberacoso.
En el contexto socioeconómico: inseguridad, pobreza y falta de acceso a servicios de salud mental.
Vale la pena detenerse en el estrés de los padres, porque es menos visible pero muy importante.
Cuando los adultos a cargo de un hogar llegan agotados, ansiosos y con pocas reservas emocionales, el ambiente en casa se deteriora. Y eso afecta directamente a los adolescentes.
El papel de las empresas: cuando el trabajo se lleva a casa
En México, la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, emitida por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, establece que las empresas tienen la obligación de identificar y prevenir los factores de riesgo psicosocial en el trabajo: jornadas excesivas, violencia laboral, exigencias desproporcionadas y falta de equilibrio entre la vida laboral y personal.
Lo que no siempre se dice es que ese entorno —o su ausencia— viaja a casa. Un papá o una mamá que trabaja en condiciones de estrés crónico, sin pausas, con miedo a perder el empleo, no llega a cenar con la misma capacidad de escucha, paciencia y presencia emocional que su adolescente necesita.
Las empresas que cuidan genuinamente la salud mental de sus empleados no solo cuidan a sus colaboradores: también están cuidando, de forma indirecta, a los adolescentes en los hogares de esas familias.
Qué puedes hacer tú como papá o mamá

Ante un panorama como este, la pregunta natural es: ¿y yo qué hago? No hay una respuesta perfecta ni instantánea, pero sí hay puntos de partida reales.
1. Abre la conversación sin convertirla en interrogatorio. En lugar de "¿Cómo te fue en la escuela", prueba con "¿Cómo te has sentido últimamente?". Las preguntas abiertas crean más espacio que las cerradas.
2. Normaliza hablar de emociones en casa. Si en tu familia se habla de lo que se siente, no solo de lo que se hace, tus hijos aprenden que las emociones pueden expresarse sin ser juzgados.
3. Reduce el castigo físico y la crítica constante. Los datos de la ENSANUT 2021-2023 son claros: el castigo físico se asocia con dificultades en el bienestar de niños y adolescentes. Disciplina no es lo mismo que miedo.
4. Busca ayuda profesional sin estigma. Llevar a tu hijo o hija al psicólogo no es un fracaso. Es exactamente lo mismo que llevarlo al médico cuando tiene fiebre que no baja.
5. Cuídate tú también. Tu salud emocional importa. Un papá o mamá que reconoce y gestiona sus propias emociones tiene más herramientas para acompañar a su adolescente.
6. Conoce los recursos disponibles. Servicios de terapia individual, familiar, talleres y cursos para conocer más sobre tu salud mental.
Además de todo esto, vale la pena participar activamente en la escuela: preguntar si hay programas de salud emocional, hablar con los maestros si notas cambios en tu hijo o hija, y no esperar a que las cosas se pongan peor para pedir apoyo.
El momento de actuar es ahora
Los datos son claros. El 45.8% de los adolescentes mexicanos con síntomas de depresión, el aumento de más del 600% en intentos de suicidio, el 18.1% con dificultades en su vida diaria: estas cifras no son el retrato de una crisis futura. Son el retrato del presente.
Pero los datos también señalan algo esperanzador: la mayoría de los problemas de salud mental responden al acompañamiento, la atención temprana y el apoyo familiar. El vínculo entre padres e hijos, cuando es seguro y abierto, es uno de los factores protectores más poderosos que existen.
No necesitas tener todas las respuestas. No necesitas ser psicólogo o psicóloga. Necesitas estar presente, preguntar, escuchar y, cuando haga falta, pedir ayuda a tiempo. Eso, que parece sencillo, puede cambiar el curso de la vida de un adolescente.
Si este artículo te generó inquietud sobre la situación de tu hijo o hija, no lo dejes pasar. Habla con él o ella esta noche. Haz la pregunta que has estado posponiendo. Busca orientación profesional si lo necesitas. La salud mental no se cuida sola, y los adolescentes mexicanos necesitan que los adultos a su alrededor estén dispuestos a verlos de verdad.
Sobre este artículo
Este artículo fue elaborado con base en fuentes de salud pública institucionales y académicas de México e Internacionales, su propósito es informativo y no sustituye la orientación de un profesional de salud.
Fuentes consultadas
Díaz de León-Martínez, L., et al. (2023). Sintomatología depresiva en adolescentes y adultos mexicanos: Ensanut 2022. Salud Pública de México, 65(supl. 1), S108–S115.
https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanutcontinua2022/doctos/analiticos/16-Sintomatologia.depresiva- ENSANUT2022-14827-72384-2-10-20230619.pdf
Organización Mundial de la Salud. (2024). La salud mental de los adolescentes. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health
Organización Panamericana de la Salud. (2024). Salud mental – OPS/OMS. https://www.paho.org/es/temas/salud-mental
Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (2018). Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, Factores de riesgo psicosocial en el trabajo–Identificación, análisis y prevención. Diario Oficial de la Federación.
Valdez-Santiago, R., Villalobos-Hernández, A., Arenas-Monreal, L., Benjet, C., y Vázquez García, A. (2023). Conducta suicida en México: análisis comparativo entre población adolescente y adulta. Salud Pública de México, 65(supl. 1), S110–S117.
Vázquez-Salas, R. A., Hubert, C., Pérez-Reyes, M. R., y Allen-Leigh, B. (2024). Dificultad del funcionamiento en población infantil y adolescente mexicana: Ensanut Continua 2021-2023. Salud Pública de México.
https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanutcontinua2023/doctos/analiticos/15843-Texto%20del%20art%C3%ADculo- 82487-2-10-20240821.pdf




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